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Lección 1.1 — Los orígenes filosóficos de la inteligencia
Al finalizar este curso, el estudiante será capaz de: Comprender los orígenes filosóficos y matemáticos que dieron forma a la IA moderna. Identificar los principales hitos tecnológicos y su impacto histórico. Analizar la evolución de paradigmas como IA simbólica, conexionismo, machine learning y deep learning. Explicar cómo los modelos generativos y multimodales están redefiniendo industrias completas. Evaluar el camino futuro de la IA, sus riesgos, oportunidades y dimensiones éticas.
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(AIH-101) Historia y Evolución de la Inteligencia Artificial
  • Concepto de mente y razonamiento en la Antigua Grecia

  • Autómatas en culturas antiguas

  • La idea de “máquinas pensantes” en la Ilustración

 


Concepto de mente y razonamiento en la Antigua Grecia

Los primeros intentos por comprender la inteligencia no surgieron de la tecnología, sino de la filosofía. En la Antigua Grecia, pensadores como Platón, Aristóteles y Sócrates exploraron la naturaleza de la mente, el razonamiento lógico y la capacidad humana para tomar decisiones.

Platón concebía la mente como un espacio donde las ideas perfectas —las “formas”— existían de manera independiente del mundo físico. Este concepto inspiraría siglos más tarde la noción de representaciones internas, fundamentales en la inteligencia artificial simbólica.

Aristóteles, por su parte, desarrolló las bases del razonamiento lógico: silogismos, inferencias y estructuras formales del pensamiento. Gran parte de la IA moderna, especialmente en sus inicios, se apoya en estas ideas, ya que los sistemas expertos y los motores de inferencia funcionan con principios derivados de la lógica aristotélica.

Estas reflexiones filosóficas no eran tecnología, pero sí los primeros intentos de modelar la mente humana como un sistema capaz de procesar información, lo que más tarde se convertiría en un pilar de la IA.


Autómatas en culturas antiguas

Mucho antes de la computación, distintas civilizaciones imaginaron y construyeron máquinas que imitaban el comportamiento humano o animal. Estas primeras manifestaciones, aunque rudimentarias, representan el germen conceptual de los robots y de la idea de inteligencia artificial.

En la Grecia helenística, Herón de Alejandría creó dispositivos sorprendentes: puertas automáticas activadas por vapor, muñecos mecánicos que realizaban movimientos programados y máquinas teatrales que funcionaban mediante poleas y presión de aire. Estas innovaciones mostraban que era posible diseñar artefactos que ejecutaran acciones sin intervención humana directa.

En China, durante la dinastía Han, se documentaron figuras mecánicas capaces de moverse, tocar instrumentos e incluso imitar expresiones faciales. En Persia, inventores como Al-Jazari construyeron relojes automáticos y servidores mecánicos que se consideran antecesores directos de la robótica.

Estos autómatas no “pensaban”, pero sí simulaban comportamientos, una idea fundamental en la evolución de la IA: crear sistemas que, mediante mecanismos internos, puedan reproducir funciones que asociamos con seres vivos.


La idea de “máquinas pensantes” en la Ilustración

Durante la Ilustración, con el auge de la razón y el método científico, surgió una nueva visión: la mente humana podía ser estudiada como una máquina. Filósofos como René Descartes y Thomas Hobbes propusieron que el pensamiento no era un misterio espiritual, sino un proceso mecánico que quizás podría replicarse artificialmente.

Más tarde, inventores como Jacques de Vaucanson desarrollaron autómatas tan sofisticados que imitaban funciones biológicas: el famoso “pato mecánico” que aparentemente podía digerir alimentos. Esto alimentó la idea de que la vida y la inteligencia podían reproducirse mediante mecanismos.

Hacia finales del siglo XVIII, La Mettrie, con su obra El hombre máquina, afirmaba que los humanos funcionaban como complejas máquinas biológicas. Estas ideas marcaron un cambio profundo: dejaron abierta la posibilidad de que si la mente es un mecanismo, entonces es posible construir uno artificial.

Este pensamiento es el origen intelectual directo de la inteligencia artificial moderna. De la Ilustración surge por primera vez la noción de que una máquina podría razonar, aprender o incluso mostrar comportamientos similares a los humanos.